Yo también fui hecha de polvo
Hubo un tiempo del que solo los humanos conocen lo que se les ha permitido conocer en el que Yahvé creó el Edén y se lo entregó a dos seres moldeados a su imagen y semejanza: Varón y mujer, mujer y varón los llamó con su divina voz.
A los humanos se les ha narrado que el varón fue el primero en pisar el Edén y que de su costilla nació la mujer, mas escasos son los que conocen la verdadera historia y, enemigos son del colérico dios creador.
Ocurre que con polvo los moldeó Yahvé tomando como imagen su dualidad misma, al polvo alado le introdujo el verbo para que así sus hijos pudiesen comprenderlo, fue de esta manera como nació aquella especie llamada «humanidad», aunque, por lo que se cuenta en este relato, que sólo se revelará a aquellos que deseen el conocimiento auténtico, se descubrirá por qué los humanos comenzaron a referirse así mismos como: los hombres.
Gracias al verbo, los dos humanos se reconocieron y cada uno le dio nombre al otro. El hombre fue llamado por la mujer Adán y la mujer fue llamada por el hombre Lilith, dos seres portantes de una perfección y libertad que escasos son los humanos que en este tiempo nuestro la mantienen.
Después Yahvé dio a luz a los animales que hoy pueblan el mundo y ordenó a Adán y Lilith que nombre les dieran y así obedecieron: Adán a los machos y Lilith a las hembras.
Entonces habló el padre creador—Os entrego este mundo en el que nada os faltará, pues es mi deseo veros crecer y habitar este paraíso junto a mis nietos para mi regocijo, mas no habéis de probar fruto de ese árbol—e iluminó con su divina luz el árbol más bello y de frutos más jugosos del Edén—. El conocimiento de todo posee y despierta, es este mi árbol, que equilibra el paraíso que os entrego.
Fue Lilith la que respondió a su padre con amor— Padre, ¿por qué íbamos a desear el conocimiento de todo si este paraíso que nos has entregado nada necesitamos?
—Así opino, padre— continuó Adán.
Yahvé, complacido, dejó de hablar y se retiró a su corte donde los ángeles cumplen su voluntad. Varias eran las ocasiones en las que contemplaba el Edén con sus otros y primeros hijos alados y, entre estos, acompañaba a Yahvé uno del que manaba la divina sagacidad. Mastema era su nombre y sus opiniones eran de las más valoradas por su padre Yahvé.
—Padre, ¿me permitirías tentar a nuestros hermanos humanos para comprobar su fidelidad hacia ti?
Pero Yahvé rechazó la oferta con ternura— En el Edén todo está hecho con mi amor y ni el Árbol logrará tentarlos. No te entristezcas, hijo mío, disgustado sé que te encuentras por la deserción del que fue en otro tiempo tu hermano querido. Aquel cuyas alas yacen oscuras por la ceniza no tiene acceso a mi paraíso.
Mastema escuchó las explicaciones de su padre y se calmó, mas en su espíritu siempre habitaba la preocupación por Yahvé, la cual no cesaba de crecer desde que el hermano innombrable cometió su traición. El Ángel de la Sagacidad sentía la frustración en cada fragmento de su alma divina, pues el amor por su antiguo hermano había cegado su sagaz mirada ante la creciente maldad de aquel que porta las alas de ceniza.
Esto convirtió a Mastema en habitual observador del Edén y, aunque amaba a sus hermanos humanos, se le antojaban más imperfectos que los ángeles.
—Tal vez su imperfección sea muestra de su lealtad— se decía.
Bajo su atenta mirada, en el Edén la vida eterna transcurría con regocijo para Yahvé y Mastema, pero no para Adán, pues Lilith hablaba con él y le tenía en estima, pero no la que él deseaba.
Lilith, por su parte, gustaba de pasear por el paraíso y de divertirse con los animales, y cuando la noche llegaba se reunía con Adán.
—Adán— le decía—, ¿por qué no paseas conmigo durante el día y disfrutas de los animales?
—Compongo canciones a nuestro padre para su regocijo mientras tu juegas con los animales por el mismo motivo.
—Nunca había pensado que jugaba con ellos por eso— le respondió y Adán le dirigió una tierna mirada.
—Por ese motivo tu amor es más puro.
—Ambos poseemos el mismo amor hacia nuestro padre, solo que lo expresamos de distinta manera— le contestó.
Y así transcurrieron los días, Adán componiendo y cantando y Lilith paseando, mas cada vez se acrecentaba el amor del varón por Lilith y pronto descubrió que sus cantos ya no iban dirigidos a Yahvé, sino a ella.
Fue entonces, cuando Mastema decidió visitar el paraíso, no pidió permiso a su padre porque él mismo les dijo a él y a sus hermanos que libres eran de visitarlo, mas los ángeles aún no se atrevían o no se mostraban interesados.
En cambio, Mastema descendió a comprobar la zozobra de Adán al no ser amado por Lilith.
—«No es que no sea amado, es que no sabe como expresar su amor»— se decía
En el instante en que Mastema se presentó a Adán manando su divina luz, el humano se arrodilló al contemplar sus diez divinas alas, su rostro níveo, cabello dorado y mirada añil.
—No te arrodilles Adán, pues somos hijos del mismo padre.
—¿Cómo conoces mi nombre? ¿Merece ser acaso pronunciado por un ser tan puro?
Mastema rio con amor ante la devoción y extrañamiento de Adán, y le pareció un ser entrañable.
—Vengo al Edén para ayudarte a consagrar tu amor por Lilith.
—¿Tanto se nota lo que siento que se percibe desde la divina bóveda?
Mastema le explicó todo cuanto pudo y Adán pareció convencido, seguía mirando con devoción a aquel ser que decía ser su hermano.
—Adán querido, ¿por qué no le otorgas a Lilith una muestra de tu aprecio?
—¿Y qué podría yo regalarle—contestó Adán—cuando todo tenemos en el Edén?
Mastema meditó su respuesta y obtuvo la solución, mas pensó que debía ser el varón el que llegase a ella con su ayuda.
—Hay algo que solo tú posees que ni nuestro padre Yahvé puede entregarle.
Adán rebuscó en su interior, pero no hallaba respuesta y su nerviosismo no cesaba de crecer.
—Hermano mío, la respuesta es simple, ahora he de retirarme— y le acarició el rostro con su mano divina—, sé que hallarás la respuesta que reside en el corazón que padre te entregó.
Y el Ángel de la Sagacidad ascendió al reino en el que habitaba su padre, quién lo había visto todo y le mostró su complacencia.
—No esperaba menos, de los ángeles has sido el primero que visita el Edén y no por curiosidad, sino por el amor que mana de ti.
Cayó la noche en el Edén y Lilith se reunió con Adán, ambos supieron que habían pasado el día con su habitual rutina y apenas se dirigieron la palabra, pero escucharon el trino de las aves nocturnas así como el cantar de los grillos.
—Me gustan las voces de los animales, cantan a Yahvé al igual que tú— dijo Lilith.
Adán se sonrojó, pues aquella era la primera vez que se sentía elogiado por su compañera.—Dudo que mi voz sea tan plácida como la suya.
Entonces Lilith le instó a cantar y el primer hombre dudaba hasta que su conversación con Mastema iluminó su mente.
—Mi regalo está en mi interior.
Y Adán comenzó su canto, mas no uno dedicado a Yahvé, su padre, sino a su amor Lilith, la primera mujer, y esta lo comprendió todo, esperó a que el primer nombre cesase su canto.
Aquella noche, en el celestial jardín de Yahvé, se unieron por primera vez hombre y mujer, mujer y hombre, mas pronto llegó la calamidad para algunos y el verdadero comienzo para otros.
Ocurre que en los dos días siguientes Lilith y Adán volvieron a yacer, pero en sendas ocasiones, ella yació acostada porque así el primer hombre parecía exigirle.
—¿Por qué he yo siempre de yacer bajo tu cuerpo y tú nunca bajo el mío?
—Te he mostrado mi amor y tú eres amor.
Lilith apartó a Adán con violencia y este cayó sobre la campiña del Edén.
—¡Yo también fue echa de polvo al igual que tú! ¿¡Acaso si yo hubiese mostrado primero mi cariño tú habrías de yacer bajo mi cuerpo!?— le reprendió, siendo esta la primera furia manifestada en la humanidad; Adán no supo reaccionar.
—¡No soy de nadie!— clamó presa de la ciega ira.
Todo se tornó oscuro para Lilith y, cuando al fin abrió los ojos percibió que no se encontraba en el Edén pues ante ella se mostraba un erial cuyo frío punzaba su cuerpo desnudo. Antes de que pudiese decir nada, Mastema apareció ante ella.
—Sacrilegió cometiste ante nuestro padre, mas si le pides perdón el mostrará contigo su compasión, pues por ti he intercedido ya que pienso que aquello que nombraste y que no he de repetir fue fruto de tu histeria.
—Un ángel debes ser y agradezco tu favor, lo que dije no iba referido a nuestro padre común, sino al hombre Adán ante quién no me pienso arrodillar.— Mastema sonrió complacido.
—Por mi consejo, de la costilla de Adán nuestro padre ha creado a otra mujer que le será fiel allá donde se dirijan sus pasos, lo mismo hará contigo: te entregará un hombre que te ame y siempre yazca bajo tu cuerpo.
—¡No quiero un esclavo! Querría ser igual que Adán a quién escaso tiempo he amado y jamás volveré a hacerlo— la angelical faz de Mastema mostró severidad.
—Si eso deseas, nunca podrás volver al Edén, el jardín de nuestro padre.
Lilith no respondió con palabras, pero si con torva mirada. Mastema, furioso, desplegó sus abundantes alas que indicaban cuan alto era su rango ante Dios y se alzó al batirlas.
—¡Engañada por mi innombrable hermano! ¡Jamás volverás a pisar el Edén, sino que te condeno a padecer lo que nadie ha padecido!— y el viento fruto del batir de sus alas entró por la boca de Lilith.—¡Hambre, enfermedad y muerte lo llamarás! ¡Lamentarás el haber rechazado la piedad de padre!— y Mastema retornó al cielo.
Los días posteriores fueron incontables para Lilith, que debido a estos padecimientos sus padecimientos no cesaban de crecer. Caminó sin rumbo fijo por aquel frío erial hasta que encontró con una gran llanura plena de agua, pero distinta a la del Edén, pues rojo era su color.
Cuando víctima de la sed se arrodilló a saciarse, una cálida voz escuchó a su espalda.
—No bebas de esa agua puesto que...
Lilith se volvió y contempló a otro ser angelical de oscura melena, antes de que pudiese este terminar ella le espetó.—¿Otro esclavo envía mi querido padre para castigarme?
Aquel ser emitió una risa malévola ante el resto de ángeles pero sumamente amistosa para Lilith.
—¡¿Parezco yo un esclavo?!— bramó entre risas entrecortadas
Doce alas negras manaron de su espalda, entre ellas danzaba una llama tan roja e incandescente que Lilith hubo de apartar la mirada para no perderla. Él percibió esto y apagó la llama pero no plegó las alas negras. Lilith se maravilló ante tal figura y le interrogó quién era.
—Portador de la luz me llamaba mi padre, Lucifer mis hermanos cuando me querían. Fui el hijo más querido para Yahvé, quien terminó expulsándome tras mi intento de crear hijos para mí. Creyó destruirme pero ahora mis alas negras claman venganza ante su injusticia, más, ¿quién eres tú extraño ser? Te pareces a un ángel, aunque no percibo en ti su esclava altivez.
Lilith le narró todo, Lucifer pareció contener la ira cada vez que Mastema era nombrado.
—Injustos han sido los mismos con nosotros, te propongo que permanezcas a mi lado y cuidaremos el uno de otro. Llegará el día que me recupere de mis heridas y desafíe a aquel padre inmundo llamado Yahvé— siseó.
Pasaron los días juntos, con su luz, Lucifer le proporcionaba calor y también creaba comida para ella, él no le ponía prohibiciones salvo una.
—No bebas de esta agua tan roja puesto que es un barranco pleno de mi sangre y temo que sea dañina para ti.
—De todo lo que me has dado, nada me causó perjuro, ¿por qué iba a hacerlo tu sangre?— y bebió antes de que Lucifer pudiese evitarlo. Nada ocurrió.
Lucifer se enamoró de Lilith al comprobar su valentía y la estrechó entre sus brazos y alas, ella acarició su rostro contra el pecho de El Caído.
—Tu corazón permanece preocupado—dijo este con ternura—, temes que ocurra lo mismo que con Adán, pero no será así: unos días yo yaceré bajo tu cuerpo y otros tú bajo el mío, todo dependerá de cómo nos guie nuestra pasión.
Y así aconteció, mas, Lucifer, conociendo los padecimientos de Lilith, yació aquella vez bajo su cuerpo.
Una vez consumaron su amor, habló El Caído.
—Ya he comenzado nuestra venganza, pues una serpiente he logrado crear. Lerna es su nombre y tanto crecerá su cuerpo como deseos, ansias de libertad y placer repriman los nuevos hijos de Yahvé. La he enviado para tentar a Adán y esa esclava llamada Eva, como aún es un ser diminuto, podrá penetrar en el Edén.
Lo que ocurrió después es conocido por todos los que habitan, habitaron y habitarán el mundo, lo que sí se ha ocultado es la existencia dos tipos de humanos.
De los nacidos de Adán y Eva, todos son esclavos del tirano Yahvé, mas sus cadenas pueden romperse puesto que, Lilith, al beber la sangre de Lucifer, obtuvo la inmortalidad y divinidad naciendo así sus hijos libres de toda cadena y viviendo según su propia voluntad, estos fueron llamados con cariño lilims por su padre.
De Lilith se dijo que ella y sus hijos secuestran a los niños humanos para devorarlos junto a Lucifer, y que también tientan a mujeres y hombres buenos hacia el lado del mal.
La verdad es que ella, sus hijos y sus hijas, susurran la libertad a todos aquellos cuyos oídos logren escucharla, los lilims viven entre nosotros y de su progenie, nace todo ser humano libre en una lucha constante contra la sumisión.
Habitan y habitarán el mundo hasta que El Caído se alce de nuevo junto a Lilith y sus hijos e hijas ante aquel que algunos llaman Padre Creador.
Nadie sabe quién saldrá victorioso, mas si escuchas la voz de Lilith desde su trono de cobre, atiende bien lo que tenga que decirte.
En cambio, si eres un lilim, cumple tu voluntad.
Mas si las palabras de Libertad resienten tu alma esclava, olvídate de este apócrifo.
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